Un rugido agrietó la cumbre de la montaña.
Una llamarada la hizo volar en pedazos.
Sus garras se posaron en el filo del cráter que había creado.
Y al fin vio lo que había estado buscando tanto tiempo.
Miró al pueblo que estaba bajo la montaña.
Batió las alas y descendió lentamente.
Todo el pueblo estaba aterrorizado.
-¡Un dragón, un dragón! ¡Corran, este sitio está acabado!
Una avalancha de gente luchaba por salir del pueblo por la única salida.
La única salida la cual el dragón taponó con su cuerpo.
El imponente dragón negro bajó la cabeza y miró con detenimiento a todo el mundo.
Sus ojos miel observaban con tanto detenimiento que hasta parecía estar buscando algo... o a alguien.
Una chica empezó a abrirse paso entre la multitud.
Seguía avanzando hacia el dragón, sin miedo. El pueblo estaba atónito.
Llegó hasta él y este le tendió un ala.
Ella caminó dentro y el la alzó hasta estar mirada con mirada.
Con una voz ronca, grave y llena de tristeza... el dragón habló.
-Te echaba de menos.
-Yo a ti también, idiota. Y ahora bájame y deja de aterrorizar a todo el pueblo.
El dragón pareció hasta sonreír, bajo a la chica y comenzó su transformación.
Todos se quedaron asombrados al ver como aquel dragón negro solamente
era un chico que no aparentaba más de 18 años.
Se disculpó con el alcalde por formar tal revuelo, habló con un par de campesinos
que aún temblaban de puro terror y jugueteó con los niños.
Cuando hablaba con un viejo conocido que llevaba un puesto de manzanas en el
pueblo, escuchó que alguien le llamaba.
Buscó y la vio entre los escombros de la montaña. Fue raudo hacia su posición.
Al verle, ella sonrió con una expresión de eterna dulzura en el rostro.
El chico agarró a la chica por la cintura y la miró directamente a los ojos.
Ella, como hipnotizada, no podía apartar la mirada de esos dos pozos marrones.
Sus bocas empezaron a acerarse y...
Se despertó.
El chico levantó la cabeza de la almohada empapada en lágrimas.
Miró a su alrededor y vio que todo había sido un sueño.
-Y... yo... yo creía qué...
Intento levantarse pero se precipitó al suelo.
Desde ahí se maldijo una y mil veces.
Ahora no era nadie.
Antes destrozaba montañas, ahora siquiera puede levantarse de la cama.
Scarecrow Ashes
jueves, 24 de abril de 2014
miércoles, 19 de marzo de 2014
Cenizas.
¿Que dónde está?
¿Qué pasó?
Ojalá pudiera remediarlo.
Creo que lograron lo que querían; hacerle sentir como nada, hacerle sentir que hacía todo mal, que todo era su culpa, que a pesar de todos sus esfuerzos le querían lejos.
De igual modo no les deseaba mal.
Me gustaría volver a ser el de antes.
¿Qué hice mal? ¿Soy una persona tan despreciable?
La verdad no sé, creo que murió.
Desde hace mucho. Desde hace unos años.
En su lugar quedó algo.
Una persona fría.
Una persona que a pesar de todo intenta sonreír, y solo le sirve para que la vida no pare de asestarle golpes, que en muchos casos, serian mortales.
¿Qué pasó?
Ni siquiera sé dónde quedó esa persona.
No usaba como excusa el tiempo. Sonreía, hacia sonreír.
Demostraba que tenia mucho que dar, no por obligación. Le encantaba.
Le echo de menos.
Desde hace tiempo que me muero de ganas de verlo.
Creo que volvió unos días, pero se volvió a ir y volvió a morir.
Y a muerto tantas veces que en cierto modo ya no quiero que vuelva porque eso significaría volverlo a perder.
Ojalá pudiera remediarlo.
Pero este nuevo Ser ni siquiera merece tener a alguien cerca.
Creo que lograron lo que querían; hacerle sentir como nada, hacerle sentir que hacía todo mal, que todo era su culpa, que a pesar de todos sus esfuerzos le querían lejos.
Le quitaron las ganas de reír.
Le quitaron los buenos recuerdos.
Le quitaron el amor.
Pero sobre todo, le quitaron la vida.
De igual modo no les deseaba mal.
Aunque a decir verdad, le arrancaron todo lo que le hacia sentir vivo.
Y tras quitarle la vida, me crearon a mi a partir de sus cenizas.
Me gustaría volver a ser el de antes.
Pero esa persona feliz, conmigo ya no puede. Conmigo solo muere.
¿Qué hice mal? ¿Soy una persona tan despreciable?
Era feliz cuando yo era él.
No quiero pensar, no quiero vivir.
En realidad no solo le mataron a él.
Con su muerte, yo nací muerto.
jueves, 6 de marzo de 2014
Ella.
Se despertó entre gritos.
Aturdido y empapado en sudor.
Se incorporó en la cama y se tapó la cara con las manos.
¿Por qué otra vez esos sueños?
Recordaba las escamas, el ardor en la garganta.
Recordaba el elevarse del suelo y que todos le miraran con orgullo.
Eso es lo que más echaba de menos.
Esa sensación de que alguien le miraba, y no era por asco.
Se sentó en la ventana. Era un día nublado y lluvioso.
Antes los odiaba, ahora los amaba.
Entonces, alguien llamó a la puerta y se asomó.
-Hola, ¿se puede? - dijo una chica con la voz temblorosa.
No pudo darse cuenta, ya que el estaba de espaldas.
Pero su expresión cambió totalmente al escuchar la voz de aquella joven.
Le resultaba muy familiar.
Era como si su rostro se llenara de luz, calor, vida y melancolía.
Cuando logró ensombrecer de nuevo su rostro, se giró.
-Por supuesto, pasa. Y dime, ¿qué quieres? - dijo disimulando mal su entusiasmo
al ver, en cierto modo, el rostro que estaba esperando.
Al entrar, sintió el ambiente helado de esa habitación y no pudo evitar hacer
una mueca de desgradado debida al brusco cambio de temperatura.
-Solo quería saber como estabas, desde que te fuiste anoche del comedor
no hemos sabido de ti. ¿Estás bien? - dijo frotándose un brazo para así, calmar un poco el frío.
Se giró rápidamente hacia la ventana y se recordó allí arriba.
Una amarga lágrima derrapó por sus mejillas.
La secó rápido, y con una sonrisa muy forzada la dijo:
-Ven, quiero enseñarte algo.
Salieron al pasillo y empezaron a andar.
Ella andaba intimidada detrás suya, ya que no le recordaba tan alto.
Al llegar al final del pasillo, el chico estiró el brazo para alcanzar
una cuerda de lo que parecía ser la puerta del ático.
Con un ruido ensordecedor, las escaleras se desplegaron y les dieron paso.
Subieron y el chico recogió las escaleras y cerró la trampilla tras el.
Apenas había luz en aquel lugar, pero rápidamente encendieron un par de velas
que hacían todo un poco más visible.
Todo aquello estaba lleno de trastos. Era un laberinto de muebles y aparatos
antiguos que ni siquiera había visto antes.
El chico, con paso decidido, se dirigía directamente a un gran cofre que se encontraba al fondo.
Con un chirrido, levanto la tapa de aquel viejo baúl. Sacó algo envuelto en un trapo de
terciopelo rojo y se lo entregó al a chica.
Ella lo miró extrañada, y el con un gesto, le invitó a desenvolverlo.
Era una foto enmarcada.
Un dragón imponente, bajando a la cabeza ante una chica.
Una chica que era igual que ella.
Sus ojos se abrieron de par en par al verse en esa foto tan antigua.
-Me recuerdas tanto a tu abuela que tenía que enseñarte esto - dijo el con tristeza.
La chica sonrío acariciando la cara sonriente de su abuela.
No pudo evitar preguntar por el dragón que salía en la foto.
-¿Y ese dragón? ¿Entonces de verdad existieron?
El chico sonrió amargamente. Tanto que el ambiente se heló.
Y con la sonrisa más forzada y dulce que ella había visto jamás, dijo:
-Salgo guapo, ¿eh?
Aturdido y empapado en sudor.
Se incorporó en la cama y se tapó la cara con las manos.
¿Por qué otra vez esos sueños?
Recordaba las escamas, el ardor en la garganta.
Recordaba el elevarse del suelo y que todos le miraran con orgullo.
Eso es lo que más echaba de menos.
Esa sensación de que alguien le miraba, y no era por asco.
Se sentó en la ventana. Era un día nublado y lluvioso.
Antes los odiaba, ahora los amaba.
Entonces, alguien llamó a la puerta y se asomó.
-Hola, ¿se puede? - dijo una chica con la voz temblorosa.
No pudo darse cuenta, ya que el estaba de espaldas.
Pero su expresión cambió totalmente al escuchar la voz de aquella joven.
Le resultaba muy familiar.
Era como si su rostro se llenara de luz, calor, vida y melancolía.
Cuando logró ensombrecer de nuevo su rostro, se giró.
-Por supuesto, pasa. Y dime, ¿qué quieres? - dijo disimulando mal su entusiasmo
al ver, en cierto modo, el rostro que estaba esperando.
Al entrar, sintió el ambiente helado de esa habitación y no pudo evitar hacer
una mueca de desgradado debida al brusco cambio de temperatura.
-Solo quería saber como estabas, desde que te fuiste anoche del comedor
no hemos sabido de ti. ¿Estás bien? - dijo frotándose un brazo para así, calmar un poco el frío.
Se giró rápidamente hacia la ventana y se recordó allí arriba.
Una amarga lágrima derrapó por sus mejillas.
La secó rápido, y con una sonrisa muy forzada la dijo:
-Ven, quiero enseñarte algo.
Salieron al pasillo y empezaron a andar.
Ella andaba intimidada detrás suya, ya que no le recordaba tan alto.
Al llegar al final del pasillo, el chico estiró el brazo para alcanzar
una cuerda de lo que parecía ser la puerta del ático.
Con un ruido ensordecedor, las escaleras se desplegaron y les dieron paso.
Subieron y el chico recogió las escaleras y cerró la trampilla tras el.
Apenas había luz en aquel lugar, pero rápidamente encendieron un par de velas
que hacían todo un poco más visible.
Todo aquello estaba lleno de trastos. Era un laberinto de muebles y aparatos
antiguos que ni siquiera había visto antes.
El chico, con paso decidido, se dirigía directamente a un gran cofre que se encontraba al fondo.
Con un chirrido, levanto la tapa de aquel viejo baúl. Sacó algo envuelto en un trapo de
terciopelo rojo y se lo entregó al a chica.
Ella lo miró extrañada, y el con un gesto, le invitó a desenvolverlo.
Era una foto enmarcada.
Un dragón imponente, bajando a la cabeza ante una chica.
Una chica que era igual que ella.
Sus ojos se abrieron de par en par al verse en esa foto tan antigua.
-Me recuerdas tanto a tu abuela que tenía que enseñarte esto - dijo el con tristeza.
La chica sonrío acariciando la cara sonriente de su abuela.
No pudo evitar preguntar por el dragón que salía en la foto.
-¿Y ese dragón? ¿Entonces de verdad existieron?
El chico sonrió amargamente. Tanto que el ambiente se heló.
Y con la sonrisa más forzada y dulce que ella había visto jamás, dijo:
-Salgo guapo, ¿eh?
miércoles, 5 de marzo de 2014
Yo era.
Respiró y abrió el enorme pórtico.
Todos que quedaron sorprendidos al verle.
Ahí estaba. Con barba, un tupé alborotado y ropa algo desaliñada.
-Bienvenidos - se limitó a decir.
Todos entraron algo asustados.
Todo estaba a oscuras.
Solo escuchaban al chico de aquí para allá.
Muchos de los allí presentes estaban tiritando.
Ese chico desprendía frío. Mucho frío.
Cuando su vista se acostumbró a la oscuridad,
pudieron ver como en medio de la sala había una gran mesa
rodeada de sillas. Unas sillas que casi parecían sacadas
de un castillo del medievo.
El chico estaba sentado en la cabecera de la mesa.
Todos, acompañados por su mirada, fueron tomando asiento.
Hubo unos instantes de silencio.
-Gracias por venir. Esta soledad me estaba matando.
Nadie se atrevía a contestarle. Algunos siquiera a mirarle.
Se percató de que muchos de ellos estaban tiritando, y se levantó.
Al instante una gran ráfaga de luz se apoderó de la sala.
Ya nadie se fijaba en el frío. Ya nadie separaba la vista de aquello.
Allí, ocupando toda la pared, había un cuadro de lo que parecía ser un dragón negro.
Un dragón que parecía salirse del lienzo.
Un dragón tan imponente que hacía temblar a sus invitados, y ya no de frío.
El chico no pudo evitar sonreírse al ver la cara de sus invitados.
-¿A qué vienen esas caras de asombro?
Se giró y mirando con melancolía el cuadro dijo:
-Tranquilos, solo soy yo. Bueno, al menos, lo era.
Se retiró de la sala arrastrando los pies.
Llegando a un amplio balcón alzó la mirada, con la esperanza de
volver a verse un día allí arriba.
Pero el destino solo hizo que sus ojos se dirigiera al lago.
Un lago cuyas aguas se estremecieron al contacto con su mirada.
Una mirada helada y sin un atisbo del fuego que antes albergaba.
Todos que quedaron sorprendidos al verle.
Ahí estaba. Con barba, un tupé alborotado y ropa algo desaliñada.
-Bienvenidos - se limitó a decir.
Todos entraron algo asustados.
Todo estaba a oscuras.
Solo escuchaban al chico de aquí para allá.
Muchos de los allí presentes estaban tiritando.
Ese chico desprendía frío. Mucho frío.
Cuando su vista se acostumbró a la oscuridad,
pudieron ver como en medio de la sala había una gran mesa
rodeada de sillas. Unas sillas que casi parecían sacadas
de un castillo del medievo.
El chico estaba sentado en la cabecera de la mesa.
Todos, acompañados por su mirada, fueron tomando asiento.
Hubo unos instantes de silencio.
-Gracias por venir. Esta soledad me estaba matando.
Nadie se atrevía a contestarle. Algunos siquiera a mirarle.
Se percató de que muchos de ellos estaban tiritando, y se levantó.
Al instante una gran ráfaga de luz se apoderó de la sala.
Ya nadie se fijaba en el frío. Ya nadie separaba la vista de aquello.
Allí, ocupando toda la pared, había un cuadro de lo que parecía ser un dragón negro.
Un dragón que parecía salirse del lienzo.
Un dragón tan imponente que hacía temblar a sus invitados, y ya no de frío.
El chico no pudo evitar sonreírse al ver la cara de sus invitados.
-¿A qué vienen esas caras de asombro?
Se giró y mirando con melancolía el cuadro dijo:
-Tranquilos, solo soy yo. Bueno, al menos, lo era.
Se retiró de la sala arrastrando los pies.
Llegando a un amplio balcón alzó la mirada, con la esperanza de
volver a verse un día allí arriba.
Pero el destino solo hizo que sus ojos se dirigiera al lago.
Un lago cuyas aguas se estremecieron al contacto con su mirada.
Una mirada helada y sin un atisbo del fuego que antes albergaba.
viernes, 31 de enero de 2014
Adiós.
Ha llegado el momento de saltar.
De que el sonido de la bala libere mi espíritu roto por los crueles achaques de este injusto destino mío que ha sido escrito. Cada vez creo más que Dios es un niño malo que me quema con su lupa como una vulgar hormiga.
En este frío invierno, plagado de tormentas y lluvias surgidas en mis ojos desteñidos; antes coloreados, amigables y cálidos. Todo eso se quedo en un pañuelo con el que limpié de mi vida eso llamado "felicidad".
Mi alma está rota, corrompida continuamente. Asqueada por mi irónica vida llena de falsas sonrisas.
Y por suerte hoy ya es el último día.
Me levanté alegre, recibí la paliza diaria contento porque no habría más, al llegar a mi casa me asome al balcón, me senté en la barandilla y miré con una sonrisa de lunático el suelo.
Como venganza, mi padre vio como me descomponía y caía al suelo donde nadie lloro mi perdida.
La última muestra de valentía de un cobarde que ha escapado de las palizas diarias y del miedo psicológico a ese puñetazo de amor biológico que caía del cielo para devolverme a la mierda de vida y noquear mi optimismo.
No me despido de nadie porque nadie notará que me he ido.
La rendición sin condición a traído calma a este chico corrompido por la tristeza.
De que el sonido de la bala libere mi espíritu roto por los crueles achaques de este injusto destino mío que ha sido escrito. Cada vez creo más que Dios es un niño malo que me quema con su lupa como una vulgar hormiga.
En este frío invierno, plagado de tormentas y lluvias surgidas en mis ojos desteñidos; antes coloreados, amigables y cálidos. Todo eso se quedo en un pañuelo con el que limpié de mi vida eso llamado "felicidad".
Mi alma está rota, corrompida continuamente. Asqueada por mi irónica vida llena de falsas sonrisas.
Y por suerte hoy ya es el último día.
Me levanté alegre, recibí la paliza diaria contento porque no habría más, al llegar a mi casa me asome al balcón, me senté en la barandilla y miré con una sonrisa de lunático el suelo.
Como venganza, mi padre vio como me descomponía y caía al suelo donde nadie lloro mi perdida.
La última muestra de valentía de un cobarde que ha escapado de las palizas diarias y del miedo psicológico a ese puñetazo de amor biológico que caía del cielo para devolverme a la mierda de vida y noquear mi optimismo.
No me despido de nadie porque nadie notará que me he ido.
La rendición sin condición a traído calma a este chico corrompido por la tristeza.
viernes, 17 de enero de 2014
¿Trato?
He aguantado mucho, pero estoy agotado.
No hablo de rendirme, hablo de necesitar un cambio.
¿En qué me estoy convirtiendo? Yo ya no soy lo que era.
Mi mascara de la falsa gracia empieza a estar demasiado gastada
y empieza a tener grietas. Yo no soy yo.
Nunca he destacado en nada. No he tenido un pasado brillante.
Y por este camino mi futuro se antoja negro carbón.
Ya no hablo del amor, hablo de la vida.
Lo del amor es una larga historia. Una larga y pésima historia.
¿Mala suerte? Supongo. Pero nadie elige de quien enamorarse y si lo elige...
es que realmente ese no es su amor.
¿Sabéis esa sensación de verla, y saber que nunca vas a estar a su lado?
Esa sensación te quema las entrañas hasta puntos insospechados.
Hablo de amor. Hablo de... dolor.
Tristemente obsesionado con encontrar el amor, me he percatado de algo.
No estoy hecho para sentir el amor, estoy hecho para añorarlo.
Para verlo, sonreír y pensar en cómo sería conmigo.
Nadie querría estar con alguien como yo.
Me observo. Lo que veo no es lo que solía ver.
¿Dónde te has metido, Gabriel? Tú antes no eras así.
Vuelve, ya no recuerdo como era tu sonrisa.
Necesito saber que aún queda algo de lo que fuimos en su momento.
Suena a tópico, pero realmente lo siento. Con solo verla sonreír,
yo también sonrío. Es algo automático, como un resorte.
Ella desprende una felicidad que nunca antes había sentido.
Sólo busco el otoño, tal vez el invierno.
Pero aún se que tengo mucho que darle al verano,
aunque sea desde la sombra.
Seré feliz, lo prometo.
Pero aún no, no estoy preparado.
Mientras tu sonrisa continúe viva, yo seguiré luchando.
¿Trato hecho?
Tú, sonríes.
Yo, sobrevivo.
sábado, 11 de enero de 2014
Mi mundo.
Solo valoramos lo que teníamos.
Nos lamentamos de haber perdido algo.
Algo que cuando estaba a nuestro lado no valorábamos.
Y por eso, el ser humano es deplorable.
Llámalo error humano. Llámalo ser un completo estúpido.
Estamos solos cuando en realidad todo esta lleno de gente.
No es no valorarlo, es que la única persona que te importa
en ese instante, no esta. Y lo demás te da igual.
Puedes tener todo el mundo a tu merced,
pero si la persona que para ti es un mundo, no esta contigo
sientes que te falta algo, que estas medio vacío.
Estas en tu mundo, pero no tienes al tuyo.
Tu pecho se convierte en un agujero negro que atrapa todo
aquello que puede sacarte de aquella espiral
que no te deja ver siquiera el sol.
Todo es triste, todos somos autómatas, todos somos grises.
Ella puede volver a dar color a mi vida, y así poder volver
a sentir la calidez de un abrazo.
Un abrazo que te trae de vuelta al mundo.
Mi mundo.
Ella.
Nos lamentamos de haber perdido algo.
Algo que cuando estaba a nuestro lado no valorábamos.
Y por eso, el ser humano es deplorable.
Llámalo error humano. Llámalo ser un completo estúpido.
Estamos solos cuando en realidad todo esta lleno de gente.
No es no valorarlo, es que la única persona que te importa
en ese instante, no esta. Y lo demás te da igual.
Puedes tener todo el mundo a tu merced,
pero si la persona que para ti es un mundo, no esta contigo
sientes que te falta algo, que estas medio vacío.
Estas en tu mundo, pero no tienes al tuyo.
Tu pecho se convierte en un agujero negro que atrapa todo
aquello que puede sacarte de aquella espiral
que no te deja ver siquiera el sol.
Todo es triste, todos somos autómatas, todos somos grises.
Ella puede volver a dar color a mi vida, y así poder volver
a sentir la calidez de un abrazo.
Un abrazo que te trae de vuelta al mundo.
Mi mundo.
Ella.
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